tengo un escudo

Cada vez que me miran esos ojos verdes colmados de cintas de colores, tengo un escudo. Aparece cuando tus pecas se convierten en constelaciones divinas, y cuando el silencio se vuelve irresistible. Será el orgullo femenino, de no encandilarme con tus besos prometedores, o tal vez el no admitir que cada día que pasa, las horas son más largas cuando te extraño, y que se reducen mágica, espiritual o locamente, cuando estoy con vos. No lo sé, pero poseo un escudo verde que me protege. Que grita cuando me enamoro y lastima cuando lloro.Guardo un dinosaurio en mi cara, que detiene el tiempo de una manera, que es imposible dejar de amarte. Aumentando tentaciones y traspasando dinosaurios. Tengo un escudo roto, tentado y enamorado. Pero no pretendo arreglarlo, prefiero quedarme con vos, sin escudos.

Los poemas no alcanzan.

Los diccionarios ya no se usan, y no encuentro palabras. Los lugares no se averiguan, y no te encuentro. No te pego, busco, y a veces tropiezo. Los verbos son enigmáticos, y prenuncio mal la erre. Los poemas no alcanzan. Salgamos del descenso. Hagamos poesía. Quiero alimentar poetas. Tranquilo, vos sos mi preferido. No paremos, los verbos siguen. Persigámoslos y completemos la rima.

Agostado

Borges habla del tamaño de su esperanza y yo cuestiono mi ambición. Merendé azúcar de frío con Regina, y recordamos porque nuestras suelas prefieren Corrientes, ese murmullo del gatillo de la analógica, el bar de siempre, el 2x1 de los libros, las propuestas indecentes, las promesas, los discos y la superstición. Éste mes exige, entona y agota. No escribo bajo el imperio de la emoción, muere con el tango. Octava ambición. Agostina, agotada, agosto.

Sube y baja

No pretendemos perder el tiempo en la jugada que preparan con sus piezas de ajedrez, solo derrochamos el tiempo en la respuesta si tenemos fuego. Subimos y bajamos dependiendo de las noches y los días. Obedecemos nuestros veinte años y ambicionamos el jugo de nuestra década. Movemos las piezas en Callao. Mientras caminamos a Corrientes, la altura baja y la superstición sube. Jaque mate.

cuarenta

La vida será feliz, la disciplina lo llevará a cabo. El color gris invade por unos instantes el escenario y se convierte en el único protagonista. Esperanza, susurra Bernardita.
Ahí está, la luna rosada y un florero gris donde las flores son la esperanza que parecen palabras de un alfabeto desconocido.
Nadie sabe por qué bailamos, las otras familias lloran. Las fotos se queman, doblan los bordes hacia adentro y crujen. Los pájaros vuelan al revés, Amador y Bernardita caminan por el parque, yo no sé que hace la vida con nosotros. ¿Cómo abrir una ventana que termina en guerra?
Es el misterio de vivir el que habla, donde no habrá miedo ni alegría, solo esa voz, secreta juventud.
Y al terminar habrá más luz, aunque las cosas no por eso serán más claras.


atte: Elisa Domínguez Pastor (texto hecho para un lindo trabajo práctico de décadas, en este caso década del 40)

amores perros

Juntos, salimos de la promoción. Juntos, somos el humo del cigarrillo que fumas en tu cama acariciando ese pelo negro. Pretendo escapar con vos, con riesgo, escuchando aullidos de perros persiguiéndonos. Tengo hambre y en dos días se cumplen veinte calendarios que yo misma quemé. Exijo respuestas para que los perros no nos encuentren. Compro flores y las ubico al lado de las velas naranjas, duermo con las ventanas abiertas y las persianas levantadas, solo para que ni vos, ni las flores me roben el oxigeno, por lo que mi despertar es a causa de ustedes. No le pedí a San Antonio un novio, sí a San Roque que esos perros no me miren ni me toquen.
la sociedad de los poetas muertos
salpicame, ¿es qué solo quemas?. aguas a mi.

Texturas

Deberías de sentir más, sentir texturas, palparlas, acariciarlas. Sacarse los zapatos, pisar el pasto para que lo verde camine por mi cuerpo. ¿Cuál es tu textura preferida? ¿Pasto, flores, lija, azúcar, madera? Hay texturas que son canciones que jamás podré cantar como las nubes o las estrellas y eso me intimida. Mi textura preferida es tu piel.

Piel de serpiente

Vi mi sombra y el tango empieza a doler,
una mirada errante a mi reloj
que ya no suelo disponer.
Vi mi sombra rodeada de pájaros,
escapando del tiempo.
Vi aquellos que llenan sus bocas de palabras
de algo que jamás podrán dibujar.
Vi mi sombra adornada
con tus cintas de colores.
Vi mi sombra en el río que nunca fui,
que me moja y quema al percibirte.
Vi mi sombra junto a tu cuerpo
lleno de mi rouge.
Vi al verano,
al cielo, al amor y a la guerra,
juntos en mi cama
en la escapatoria del sol.
Te vi pero mi sombra estaba primera,
sombra inútil y gratuita,
llena de vida, pasión y fuera de melodrama.
Vi mi sombra, como restos de piel de serpiente.